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En 1673 se erigió la Iglesia actual, a la que se llamó de San Sebastián de las Huertas, por estar situada extramuros de la ciudad, entre las huertas cercanas a la Puerta de Purchena. Fue bendecida en 1679 por el obispo de Almería, Antonio de Ibarra, cuyas armas aparecen sobre la puerta lateral.

El templo cuenta con una característica torre poligonal y dos portadas, y es de estilo barroco con elementos neoclásicos, como la fachada principal, obra de los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan Antonio Munar y realizada durante el siglo XVIII, en la que se aprecia un relieve atribuido a Juan de Salazar, de ese mismo siglo. Otros elementos característicos son el cimborrio, los poderosos contrafuertes laterales. Su altar mayor  luce una talla del Cristo del Amor, obra de Jesús de Perceval.
 
La plaza de San Sebastián desde el siglo XI, era uno de los lugares más populosos de la ciudad, la encrucijada de todos los caminos que llegaban de nordeste y de levante. En la Almería musulmana situada extramuros, presidía la Mezquita que en la Almería cristiana se convirtió en Ermita de San Sebastián. En el siglo XVIII, el anchurón toma la categoría de plaza. En ella, en la actualidad, hay un pequeño y sencillo monumento a la Inmaculada, erigido en 1800 y restaurada después de la Guerra Civil Española de 1936.
 
 

 

HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIÁN

El antiguo barrio de “las Güertas”   fue el primero en saltarse las murallas y venirse al paraje más ameno. Las casas fueron bordeando los caminos, que se juntaban en un haz junto al humilladero de San Sebastián, donde se levantó la Iglesia parroquial.

La plaza de San Sebastián no toma el nombre del templo que la preside con su gran altorelieve en mármol, la estatua de la Virgen, el reloj y la torre única que espera pacientemente a su gemela, sino que ella se lo da al templo. Desde el siglo XI, era uno de los lugares más populosos de la ciudad, la encrucijada de todos los caminos que llegaban de nordeste y de levante. En la Almería musulmana la presidía la mezquita, rábita o morabito, que Santisteban llamaba de Alf Handullah y que en realidad los musulmanes conocían por rábita de al- Jucaynf, su fundador. La Almería cristiana la cristianizó  como ermita de San Sebastián, de lo que le vino el sobrenombre de Humilladero.  

En el siglo XVIII, el anchurón toma la categoría de plaza. En ella, en la actualidad, hay un pequeño y sencillo monumento a la Inmaculada, erigido en 1800 por el obispo de Cádiz, D. Antonio Martínez Plaza, que había sido doctoral en nuestra catedral, según reza la borrosa inscripción del pedestal, que es lo único que quedo en pie en julio de 1936. Restaurado, fue bendecido en julio de 1940.

Cristianizada la mezquita en ermita, fue su primer ermitaño, Pedro Caro, que en 1497 peregrinó a Roma y obtuvo del papa Alejandro VI un jubileo para la misa. En 1505 se dio a los Trinitarios la huerta del Rey, situada entre este lugar y la puerta de Purchena, para que se edificaran convento con la ermita como iglesia, no sin oposición del Ayuntamiento; pero los reyes habían dispuesto: “A de aver otro monasterio de la Trinidad en la puerta de Pechina, de fuera, en una huerta que se dice del Rey”.

Desde los primeros años de la Almería cristiana el Cabildo catedralicio, acompañado del Ayuntamiento, venían en procesión general a esta ermita los días de San Sebastián y San Marcos, según costa por la famosa acta de 1509, en la que se relacionan las procesiones generales, que se acostumbraban hacer. Tanto arraigó esa costumbre que, habiendo terminado la procesión de san Marcos en Santiago en 1651, el obispo Venegas de Figueroa, amigo del poeta Góngora, advirtió al Cabildo que en adelante siguiera yendo a San Sebastián y no hicieran innovaciones.

Después del asalto de los piratas berberiscos en el 1584 el Ayuntamiento repara la ermita, que por abandono estaba en ruinas, y desde enero de 1590 cuidan de ella un mayordomo y un capellán, que celebraba la Santa Misa los días de fiesta. En 1632 Diego Marín del Ala, mayordomo de la ermita, pide al Cabildo las colgaduras de seda, para adornarla los días de San Sebastián y San Marcos, y la campana, que el obispo Viedma había mandado llevar al hospital.

En el siglo XVII, el siete de julio de  1673 el Cabildo, gobernador del obispado en la sede vacante del obispo Rodrigo Mandiáa y Parga, en virtud de una real cédula de 30 de Junio anterior, de la reina gobernadora doña Mariana de Austria, erige la “parroquia de San Sebastián de las Güertas”, la dota de beneficios y acuerda construir nueva iglesia en el solar de la ermita. El censo de Godoy de 1797 describe el término que dieron a esta parroquia. Barrio Nuevo, los barrios de las Cruces, de las Huertas, del Grillo, de la Puerta del Sol, de la Playa en el que se incluye la Chanca-San Roque, el Barrio Alto, el de la vega hasta el Alquián y su rambla, las cortijadas del Campo de Gata y Archidona, la Boca y el Pozo de los Frailes, Mónsul, Genoveses y San José. En esta jurisdicción había 1.305 casa útiles, dos escuelas de niños y tres de niñas, tres ermitas: Belén, Santa Rita y el Alquián.

La primera piedra del templo la bendijo D. Gregorio de Arroyo y Sarmiento, prior de la catedral, que llevó la administración de las obras durante el primer año hasta que se suspendieron en julio de 1674. Cuando se reanudaron en agosto, se hizo cargo de la administración el canónigo don Pablo del Castillo y Aguilera hasta su terminación en 1679. Se presupuestaron 11.000 ducados, de los que 8.000 se gastaron en la construcción del edificio y tres mil en la ornamentación. Se dio por terminada la obra en tiempo del obispo don Antonio Ibarra, cuyo escudo figura en la puerta lateral. Bendijo el templo el previsor de Ibarra don Diego Ladrón de Guevara Oroxco y Calderón, que después fue obispo de Panamá, Huamanga y Quito y virrey del Perú, el 16 de agosto de 1679.

Quedó sin terminar la fachada que da a la plaza, que se cerró con un muro, y se utilizó la puerta lateral como entrada a la parte del templo habilitada. Cincuenta  y cinco años después, en el acta del Cabildo celebrado el día 18 de mayo de 1735 se dice que “en atención a ser muy ceñido el sitio de la iglesia de San Sebastián respecto a la numerosa población de aquella parroquia… se da comisión a los señores Maestrescuelas y Tesorero, para que dispongan se construya un atrio o compás delante de las puertas principales, de forma que  se pueda ver el altar mayor…y servir así mismo para dar sepultura a los cadáveres”. La obra realizada entonces no debió ser muy sólida, pues mediado el siglo XIX se inutilizó la parte inferior del templo por amenazar ruina el techo y la  puerta principal. Se reparó y se volvió a obrar en 1883, construyéndose entonces el baptisterio y las dependencias parroquiales. Poco  después se vendió la soladura de cantería al constructor de la plaza de Abastos y se puso de mármol. En 1918 pintó el interior don Antonio Bedmar. El templo es de traza neoclásica. La fachada se parece a la de la iglesia de Gádor, que se había terminado de construir un año antes de que comenzara a construirse  esta. En la fachada hay un alto relieve de mármol, que representa a San Sebastián, que suele atribuirse a Alonso Cano; pero es imposible porque este murió seis años antes de que se pensara construir este templo. Si se terminó la fachada en 1679 habría que pensar en algún discípulo de Alonso Cano, y si se obró hasta mediados del siglo siguiente es posible que lo labrara Eugenio Valdés, que en tiempos del obispo Sanz y Torres entalló los relieves del tabernáculo y de los púlpitos de la catedral, que no desmerecen nada en comparación de aquel.

La iglesia fue saqueada en 1936 y la nave izquierda quedó medio hundida por una bomba. Fue restaurada en 1940

El cuadro grande de San Sebastián, que ocupaba el testero del altar mayor. Se trajo de Granada, y una talla del santo se trajo de la Catedral el día de la bendición del templo. La imagen de la Virgen que corona la fachada, la colocó en el 1950 el párroco don José Pardo.

En la primera mitad del siglo XVIII se celebraba  la fiesta de la  Virgen del Carmen, que los feligreses aclamaban patrona de las Huertas, cuya hermandad fue erigida canónicamente en 1860. Quemada en la plaza en julio de 1936, se adquirió otra después de 1939; no es su valor artístico lo que importa sino la devoción de los almerienses lo que le da un valor entrañable.

Los huertanos han cantado:

            Ojos grandes, pelo negro,

            labios rojos, tez morena,

            como la Virgen del Carmen,

            la Patrona de las Huertas.

 

De las imágenes que se perdieron en 1936 las de mayor valor artístico eran el S. Francisco de Asís y el S. Antonio de Padua traído de la iglesia de los Franciscanos cuando se suprimió el convento en 1835.

De las imágenes actuales son notables el san Félix, el Cristo del Amor, san Sebastián y san Antonio de Jesús de Perceval, el Jesús de Medinaceli y el Sagrado Corazón de María de Navas Parejo, y la Virgen del Primer Dolor de Hervás. En 1972, siendo párroco don Rafael Romero Robles, se colocó en el mayor un relieve labrado en madera por Jesús Martín Lao, en el que san Sebastián resalta en altorelieve, los verdugos en mediorelieve y el paisaje, casas y montañas en bajorelieve.